Finca familiar desde 1980

Nuestro origen en la Costa Tropical: tres generaciones cultivando mango español

Finca familiar en la Costa Tropical de Granada desde 1980, el único microclima subtropical de continental. Más de cuarenta años aprendiendo, dos variedades premium seleccionadas y un compromiso con el mango real: madurado en el árbol, sin intermediarios, directo a tu casa.

+40

Años de tradición

2

Variedades premium

320+

Días de sol/año

0

Intermediarios

El microclima

¿Por qué la Costa Tropical de Granada es única para el mango?

Una franja costera entre Sierra Nevada y el Mediterráneo donde el mango crece al aire libre como en los trópicos. 320 días de sol, sin heladas invernales, suelo fértil aluvial y temperaturas moderadas todo el año.

Mangos Osteen maduros colgando del árbol con vistas a la costa mediterránea

320+ días de sol

Maduración lenta y uniforme sobre el árbol, sin prisas artificiales

20 °C de media anual

Sin heladas en invierno, clima suave que favorece ciclo largo

Sierra Nevada como escudo

Protege al cultivo de los vientos fríos del norte peninsular

Brisa mediterránea

Regula temperatura y humedad de forma natural durante el verano

Suelo fértil aluvial

Rico en nutrientes arrastrados por los ríos desde la sierra

Baja pluviometría

Sol intenso sin exceso de agua; riego por goteo optimizado

¿Qué diferencia real hay entre nuestro mango y el importado?

Costa Tropical
Importado
Recolección
Bajo pedido, en su punto
Verde, prematuro
Transporte
< 500 km
8.000-10.000 km
Maduración
Natural en el árbol
Cámara con etileno
Del árbol a ti
24-48 horas
15-30 días
Sabor
Auténtico, intenso
Insípido, acuoso

Nuestra historia

¿Cómo empezó El Lucero a cultivar mango en Granada?

Lo que empezó en 1980 como una apuesta familiar por un cultivo desconocido en la península se ha convertido en tres generaciones trabajando los mismos árboles en la misma finca.

1980

Los primeros árboles

Una apuesta familiar por un cultivo que nadie conocía en Granada. Los primeros árboles de mango se plantaron en un terreno que antes era caña de azúcar, aprovechando el microclima subtropical de la Costa Tropical.

1990s

Aprendizaje y crecimiento

Años de experimentación, aprendiendo del microclima, probando variedades y adaptando técnicas. Los árboles maduran y la finca se consolida como referencia regional.

2000s

Especialización en Osteen y Keitt

Apostamos por las dos variedades que mejor se adaptan al terreno granadino: Osteen (temporada media) y Keitt (tardía). Calidad sobre cantidad.

2010s

Los chefs descubren El Lucero

Restaurantes de toda España empiezan a pedir nuestro mango. El boca a boca funciona: quien lo prueba, repite año tras año.

2026

Directo a tu mesa

Eliminamos intermediarios. Ahora puedes comprar nuestro mango directamente: del árbol de la finca a tu casa en 24-48 horas.

Tres generaciones de mango

El abuelo plantó los primeros árboles en 1980 sin saber si funcionaría. El padre continuó la tradición y aprendió a dominar las dos variedades premium. La tercera generación lleva el mango directamente a tu mesa sin intermediarios. Los mismos árboles, cuarenta años después.

El ciclo del mango

¿Qué ocurre cada mes del año en la finca?

La temporada del mango empieza mucho antes de la cosecha. Cada fruto es el resultado de un año completo de cuidado manual.

🌸
Ene-Feb

Poda y preparación

Preparamos los árboles para la nueva temporada. Poda técnica, nutrientes, cuidado del suelo y limpieza de la parcela.

🌺
Mar-Abr

Floración

Miles de flores blancas cubren los árboles. Las abejas polinizan. Solo el 1-2% de las flores se convertirá en mango comercial.

🟢
May-Jun

Cuajado del fruto

Seleccionamos los mejores frutos a mano. Sacrificamos cantidad por calidad: menos piezas pero mejores.

🌿
Jul-Ago

Crecimiento

Los frutos crecen y acumulan azúcar. Riego por goteo controlado y preciso. Maduración lenta = más sabor concentrado.

🥭
Ago-Nov

Cosecha Osteen

Recolección manual, pieza a pieza. Solo cuando tú haces el pedido. Nunca cosechamos de forma anticipada.

🍊
Oct-Dic

Cosecha Keitt

La variedad tardía extiende la temporada hasta diciembre. Mango fresco español incluso en Navidad.

Nuestros valores

¿Qué principios guían el trabajo en la finca?

Cultivo natural respetuoso

Sin prisas ni químicos innecesarios. Respetamos los tiempos biológicos del árbol y del fruto.

Directo del agricultor

Sin intermediarios. La misma persona que cultiva es la que responde tus mensajes por WhatsApp.

Origen Costa Tropical

De nuestra finca en Granada a tu mesa sin almacenes intermedios ni cámaras frigoríficas prolongadas.

Sostenibilidad

Riego por goteo eficiente, poda responsable, apoyo activo a polinizadores naturales de la zona.

Precio justo

Justo para ti (sin intermediarios que inflen el precio) y justo para nosotros (sin vender por debajo del coste real).

Madurado en árbol

Nunca cámaras de etileno ni maduración artificial: el mango desarrolla sus azúcares y aroma completos donde debe, en el árbol.

Preguntas frecuentes Origen

¿Qué deberías saber sobre el origen del mango español de El Lucero?

La finca El Lucero está ubicada en la Costa Tropical de la provincia de Granada, concretamente en la franja costera entre Almuñécar, Motril y Salobreña. Esta zona específica de España es el único territorio de continental donde coinciden las condiciones subtropicales necesarias para cultivar mango al aire libre sin necesidad de invernaderos o protecciones artificiales.

La finca no está abierta al público de forma permanente. No es una finca turística ni un centro de interpretación agrícola: es una explotación familiar en activo donde cada árbol está en producción durante la temporada. Respetamos los ritmos del cultivo y las visitas no programadas pueden perjudicar el trabajo agrícola delicado de floración, cuajado o recolección.

Ofrecemos visitas guiadas limitadas con reserva previa durante la temporada activa (agosto a diciembre) para clientes interesados, profesionales del sector y prensa especializada. Si quieres coordinar una visita, contacta con nosotros por WhatsApp o email con tu fecha preferida y evaluamos disponibilidad según carga de trabajo en la finca en ese momento.

La clave es el microclima subtropical único de la Costa Tropical de Granada, una franja costera de apenas 100 kilómetros entre la provincia de Almería y Málaga donde convergen cuatro factores geográficos que hacen posible el cultivo de mango sin protección artificial: proximidad al Mediterráneo que atempera las temperaturas, protección de Sierra Nevada al norte que bloquea vientos fríos continentales, baja pluviometría que evita exceso de humedad, y alta insolación con más de 320 días de sol anuales.

Estas condiciones replican, a menor escala, las que encuentra el mango en sus zonas tropicales de origen (India, Centroamérica, sudeste asiático). La diferencia con esos territorios es la estacionalidad marcada: nuestro mango tiene una temporada comercial definida (agosto-diciembre) porque el invierno suave pero notable frena la producción entre enero y julio. En los trópicos puros hay mango casi todo el año.

Históricamente, el mango llegó a la Costa Tropical en los años 70 cuando agricultores granadinos experimentaron con frutos tropicales aprovechando el microclima. Lo que empezó como diversificación agrícola se consolidó en cincuenta años como una zona productora reconocida: hoy, el 80% del mango español consumido en España proviene de estas fincas granadino-malagueñas.

Tres generaciones han trabajado en la finca El Lucero desde que se plantaron los primeros árboles en 1980. La primera generación, abuelos y padres fundadores, hizo la apuesta inicial cuando el mango era un cultivo desconocido y arriesgado en la península española. No había manuales, referentes ni técnicas adaptadas al territorio granadino: todo se aprendió probando, fallando y volviendo a probar durante la década de 1980.

La segunda generación tomó el relevo en los años 90 y 2000, profesionalizando el cultivo, especializándose en las dos variedades Osteen y Keitt (que son las que mejor se adaptaron al suelo y clima de la finca), optimizando sistemas de riego por goteo y aprendiendo a gestionar las particularidades de cada año climatológico. Fue la generación que convirtió la finca en una explotación viable económicamente.

La tercera generación, actualmente al frente del proyecto, ha incorporado dos cambios fundamentales en los últimos cinco años: digitalización de la relación con el cliente (web, WhatsApp, pedido online) y eliminación progresiva de intermediarios. Antes vendíamos a distribuidores que llevaban nuestro mango a supermercados; ahora enviamos directamente al consumidor final y al pequeño restaurante, manteniendo el control completo de la calidad y del precio.

La finca El Lucero es una explotación familiar de tamaño humano, no una plantación industrial masiva. El objetivo nunca ha sido el volumen sino la calidad consistente del fruto, lo que limita deliberadamente el tamaño del cultivo para poder mantener el control manual de todas las operaciones críticas (poda, selección de fruto, recolección pieza a pieza).

Por razones comerciales y de protección del know-how acumulado en cuarenta años, no publicamos cifras exactas de hectáreas ni de árboles. Lo que sí podemos compartir: la producción total anual es suficiente para abastecer la demanda nacional directa sin necesidad de recurrir a cultivos externos ni a intermediación. Cuando se agota la cosecha en diciembre, cerramos la tienda hasta el año siguiente.

Esta autolimitación es parte esencial del modelo. Una finca mucho más grande requeriría cosecha mecanizada, procesos estandarizados de almacén, cámaras frigoríficas grandes y distribución vía mayoristas, todo lo cual destruiría la propuesta diferencial de mango recolectado bajo pedido y enviado directamente. El tamaño actual es el máximo compatible con la calidad que queremos mantener.

Actualmente la finca El Lucero no tiene certificación ecológica oficial europea (regulación UE 2018/848) ni sellos comerciales específicos. La decisión es pragmática y no oculta: los costes administrativos anuales de esas certificaciones son muy elevados para una finca familiar de tamaño humano, y preferimos destinar ese presupuesto a mantener la calidad del producto y el precio competitivo al consumidor final.

En términos de prácticas reales, la finca opera con estándares próximos a ecológico en la mayoría de parámetros: mínima intervención química, riego por goteo optimizado, abonado mayoritariamente orgánico y control biológico de plagas cuando es viable. No usamos tratamientos post-cosecha (ceras, fungicidas, etileno), no pulverizamos con ethephon para forzar maduración, y mantenemos setos naturales que favorecen a polinizadores y fauna local.

Los clientes que necesitan certificación oficial por motivos específicos (alergias documentadas, exigencias profesionales, preferencias personales no negociables) es respetable que elijan otra opción certificada. Nuestro compromiso es transparencia operativa: cualquier cliente que quiera conocer en detalle nuestras prácticas agrícolas tiene acceso directo por WhatsApp para preguntar sobre productos aplicados, frecuencias, criterios. Nunca nos escondemos tras certificaciones que no tenemos.

La decisión inicial en 1980 fue parcialmente casualidad agrícola y parcialmente cálculo estratégico. Por un lado, el mango era uno de los pocos frutos tropicales que resistía los inviernos suaves pero notables de la Costa Tropical granadina sin protección artificial, al contrario que piña, papaya o plátano que requieren condiciones más constantes. Por otro, el mango tenía un valor de mercado considerablemente superior a cítricos o frutas de hueso tradicionales de la zona.

A lo largo de las décadas hemos mantenido esa apuesta inicial porque el mango ha demostrado ser un cultivo rentable, relativamente robusto ante variaciones climáticas anuales, y con mercado estable tanto en España como en exportación controlada a. Otros frutos tropicales como chirimoya o aguacate también se cultivan en la zona, pero hemos preferido especializarnos en mango para dominar completamente dos variedades específicas antes que diversificar sin alcanzar excelencia en ninguna.

Esta especialización extrema nos permite algo que una finca diversificada no puede: conocer literalmente cada árbol de nuestras dos variedades después de cuarenta años de observación continua. Sabemos qué árboles producen mejor fruto en ciertos años, cuáles responden mejor a determinadas técnicas de poda, cuáles tienen la madurez óptima antes o después de la media. Es el tipo de conocimiento acumulado imposible de reproducir en una plantación industrial de múltiples variedades.

La recolección es manual, selectiva y bajo pedido. No usamos vibradores mecánicos ni recolección masiva. Cada pieza se evalúa individualmente en el árbol antes de cortar el pedúnculo con unas tijeras específicas que dejan un corte limpio sin desgarrar la piel del fruto. El trabajo lo hace un equipo pequeño de recolectores con experiencia acumulada de varias temporadas que conocen los árboles y saben detectar el punto óptimo de cada pieza.

El criterio de selección combina cuatro señales que los recolectores aplican casi automáticamente: color y tonalidad de la piel (distinto en Osteen morada-rojiza y en Keitt verde), forma y tamaño final de la pieza (rechazamos piezas demasiado pequeñas o demasiado grandes que indican maduración irregular), aroma al aproximar la nariz al pedúnculo, y firmeza al tacto suave. Una pieza que supera los cuatro criterios va a la caja de cliente; una que falla en alguno se queda en el árbol unos días más o se descarta para autoconsumo.

Una vez cortado, el mango pasa inmediatamente a un embalaje de protección individual que evita golpes durante el transporte. No almacenamos fruta recolectada a la espera de cliente: si no hay pedido, no cosechamos, porque la fruta en cámara pierde exactamente las propiedades que nos diferencian. La recolección bajo pedido es lo que garantiza que el mango llegue a tu casa con el mismo punto que tendría si lo cogieras tú mismo del árbol.

La Costa Tropical granadina tiene aproximadamente 2.500 hectáreas de mango repartidas entre cientos de fincas, y entre todas esas explotaciones hay diferencias significativas en tamaño, variedades cultivadas, prácticas agrícolas y canales de distribución. No todas trabajan igual ni entregan el mismo producto final al consumidor.

La principal diferencia de El Lucero frente a la media de la zona es el modelo de venta directa al consumidor final, algo que aún es minoritario en la región. La mayoría de fincas de tamaño medio o grande vende la cosecha completa a mayoristas que luego distribuyen a cadenas de supermercados, cooperativas o exportadores. Este modelo les garantiza volumen pero les impide diferenciarse por calidad: el mango de una buena finca acaba mezclado con el de otras fincas en el lineal final.

Otros diferenciales concretos: especialización en solo dos variedades (Osteen y Keitt) frente a fincas que cultivan cinco o seis cultivares; tamaño deliberadamente humano frente a plantaciones industriales de volumen alto; recolección bajo pedido frente al modelo estándar de cosecha por calendario; trazabilidad completa hasta el árbol concreto frente a lotes mezclados genéricos; y tres generaciones de la misma familia frente a propiedades corporativas o de inversión reciente.

Aproximadamente un 8-12% de cada cosecha se descarta en el control de calidad antes del embalaje final. Estas piezas descartadas son mangos perfectamente comestibles pero que no cumplen nuestro estándar de venta por razones diversas: marcas superficiales estéticas, tamaño fuera del rango comercial, maduración ligeramente desigual, pequeños defectos de forma, o contacto con otras piezas durante el crecimiento que dejan marcas suaves.

Estos mangos descartados no se tiran. Siguen tres circuitos paralelos de aprovechamiento. El primero es autoconsumo de la familia y reparto entre trabajadores y empleados de temporada, que disfrutan del mango igual o mejor que el que vendemos (son los mismos, solo con diferencias estéticas). El segundo es donación a comedores sociales locales y asociaciones benéficas de la zona durante los meses pico de temporada.

El tercero es transformación artesanal en pequeñas cantidades de mermelada, chutney y pulpa congelada para nuestro circuito de restaurantes profesionales y para degustaciones en ferias gastronómicas. No comercializamos actualmente estas transformaciones al consumidor directo porque requeriría registros sanitarios específicos y una estructura industrial que no tenemos. El resultado final: cero desperdicio agrícola en la finca gracias a estos tres circuitos.

El cambio climático es una realidad que observamos directamente en la finca desde hace una década. Los inviernos son progresivamente más cálidos, lo que teóricamente favorece al mango (fruto tropical), pero también aparecen fenómenos meteorológicos nuevos que complican la producción: olas de calor extremo durante la floración de abril-mayo que pueden reducir el cuajado, lluvias torrenciales puntuales en momentos críticos del crecimiento del fruto, y plagas que antes no llegaban a la zona y ahora sobreviven al invierno suave.

Nuestras respuestas han sido pragmáticas y progresivas: hemos cambiado parcialmente las técnicas de riego para adaptarnos a mayor evaporación estival, hemos adelantado algunas operaciones de poda invernal, hemos reforzado el control biológico de plagas nuevas (trips, cochinilla) y mantenemos vigilancia constante sobre la floración para detectar fenómenos anómalos. También hemos empezado a experimentar con variedades complementarias de ciclo distinto como seguro ante años con problemas en Osteen o Keitt.

La preocupación a largo plazo no es tanto si el mango se podrá seguir cultivando en la Costa Tropical en 2050 (probablemente sí y con mayor rendimiento por inviernos más cálidos), sino si las condiciones irregulares puntuales (calor extremo, sequías prolongadas, lluvias violentas) comprometerán la calidad y la regularidad año tras año. Es un tema del que hablamos frecuentemente con otras fincas de la zona y con técnicos agrícolas.

El equipo humano de la finca varía significativamente entre temporadas. Durante los meses de cosecha activa (agosto a diciembre) el equipo se amplía considerablemente con recolectores de temporada, clasificadores, empaquetadores y personal de atención al cliente. Durante los meses de baja actividad agrícola (enero a julio) el equipo es reducido y se centra en tareas de mantenimiento del cultivo, poda técnica, riego, abonado y reparación de infraestructura.

La mayor parte del equipo de temporada es personal local de la Costa Tropical granadina que vuelve año tras año a la misma finca: es gente con experiencia acumulada de varias campañas, que conoce los árboles específicos, las técnicas de corte y selección, y los criterios de calidad de la casa. No trabajamos con mano de obra rotativa precaria ni con agencias de empleo temporal: preferimos mantener vínculos estables con personas concretas.

En los puestos de gestión (cultivo, ventas, atención al cliente, logística, administración) están miembros de la tercera generación de la familia más dos o tres profesionales externos con contrato fijo anual. Toda comunicación con el cliente (pedidos, dudas, garantías) la maneja directamente una persona del equipo estable, no un call center ni un chatbot: cuando escribes por WhatsApp te responde un humano de la finca.

La actividad principal y casi exclusiva de El Lucero es el cultivo de mango Osteen y Keitt. No es una finca diversificada con múltiples cultivos ni un agroturismo con alojamientos, restaurante o actividades de ocio. El foco monocultivo deliberado permite la especialización extrema en las dos variedades premium que son nuestra razón de ser.

Sí realizamos algunas actividades complementarias directamente relacionadas con el mango y con nuestra propuesta de valor al cliente. Primero, visitas guiadas limitadas durante la temporada para clientes interesados, profesionales del sector y prensa especializada, como forma de comunicar el origen real del producto. Segundo, ensayos agrícolas puntuales con otras variedades tropicales (chirimoya, aguacate) en parcelas pequeñas como seguro ante escenarios climáticos adversos futuros, aunque sin intención de comercializarlos por ahora.

Tercero, colaboración con chefs y restaurantes profesionales que quieren integrar mango real granadino en sus cartas: organizamos degustaciones con ellos, enviamos muestras de temporada, y desarrollamos formatos específicos para B2B. Cuarto, participación ocasional en ferias gastronómicas y eventos de producto español gourmet donde damos a conocer el mango español a un público más amplio. Ninguna de estas actividades desplaza el foco principal, pero complementan y refuerzan el proyecto central.

Aunque la cosecha activa se concentra entre agosto y diciembre, los meses de enero a julio son fundamentales para el éxito de la temporada siguiente. El árbol de mango tiene un ciclo biológico continuo de doce meses, y cada fase fuera de cosecha tiene tareas específicas que determinan la calidad y cantidad del fruto futuro.

Enero y febrero se dedican a poda técnica intensiva, formación de estructura de árboles jóvenes, preparación del suelo, aplicación de abonos de fondo y reparación de infraestructura de riego antes de que empiece la floración. Marzo y abril son los meses de floración y cuajado del fruto: momento crítico donde vigilamos constantemente temperaturas, lluvias y actividad de polinizadores. Cualquier problema en esta fase impacta directamente en la cosecha otoñal.

Mayo, junio y julio son los meses de crecimiento del fruto en el árbol. Ajustamos riego por goteo de forma muy precisa según estadio del fruto y condiciones meteorológicas, realizamos aclareos manuales para quedarnos con las mejores piezas de cada rama, aplicamos tratamientos preventivos ecológicos contra plagas emergentes, y preparamos toda la estructura logística para la cosecha (cajas, etiquetas, acuerdos con transportistas, comunicación con clientes que han pre-reservado). Es trabajo invisible para el consumidor final pero esencial.

La pregunta tiene respuesta técnica y respuesta histórica. Técnicamente, aunque otras zonas de España tienen temperaturas medias altas (sur de Alicante, costa de Cádiz, Canarias), la combinación exacta de factores que permite el mango comercial al aire libre solo se da en la Costa Tropical granadino-malagueña. Las Canarias tienen clima propiamente tropical y allí sí se cultiva mango, pero con estacionalidad y variedades distintas. El resto de zonas cálidas peninsulares tienen inviernos demasiado fríos o humedad inadecuada.

Históricamente, además del factor climático, hay un factor de tradición agrícola y know-how acumulado. La Costa Tropical adoptó el cultivo del mango en los años 70 y lo ha desarrollado durante cincuenta años: hoy existe ahí una masa crítica de fincas, técnicos agrícolas especializados, proveedores de insumos, transportistas familiarizados con el producto y distribución comercial establecida. Trasplantar ese ecosistema a otra zona con clima similar sería técnicamente posible pero muy difícil de replicar en pocos años.

Esta combinación de microclima único más tradición acumulada es la razón de que el 80% del mango español consumido en España venga de la Costa Tropical. En Canarias se produce el 15-20% adicional pero con temporadas distintas y distribución limitada al archipiélago. Prácticamente no hay producción comercial significativa en otras zonas de la península pese a que geográficamente podría parecer posible sobre el mapa climático.

No, y es una decisión estratégica consciente. Expandirse geográficamente implicaría replicar la finca en otra zona productora, con los problemas derivados: duplicar infraestructura, perder control directo del cultivo (no puedes supervisar dos fincas distantes con la misma exigencia), incorporar equipos nuevos con menos experiencia acumulada, y diluir la propuesta diferencial de origen único, trazabilidad total hasta el árbol y contacto directo con la familia.

El modelo actual de El Lucero está diseñado precisamente para ser el opuesto de una explotación escalable mediante geografía. Queremos mantener una sola finca, un solo terreno, unos árboles específicos, un equipo humano concreto, una familia al frente. La limitación de producción que esto conlleva es lo que mantiene la calidad y el precio en equilibrio sostenible.

Lo que sí hemos explorado y seguimos explorando es profundizar en la misma finca: mejorar técnicas de cultivo, optimizar rendimiento por árbol, ampliar variedades complementarias en pequeña escala como seguro climático, y mejorar experiencia del cliente con herramientas digitales (web, pedido online, trazabilidad digital). Todas estas mejoras son de profundidad, no de amplitud. Crecer hacia adentro, no hacia los lados. Es la única forma de mantener la propuesta auténtica a largo plazo.

El principal malentendido es pensar que cualquier mango etiquetado como español en un supermercado equivale a lo que representa una finca como El Lucero. La etiqueta de origen España solo indica la procedencia final del producto pero no dice nada sobre las prácticas agrícolas, la cadena de frío, el tiempo entre recolección y venta, ni el modelo de distribución. Un mango cultivado en Granada pero distribuido por cadena estándar puede tardar dos o tres semanas desde la recolección hasta el lineal del supermercado, tiempo suficiente para perder casi todas las propiedades diferenciales.

El segundo malentendido frecuente es subestimar el factor tiempo. Mucha gente cree que la diferencia entre un mango de importación y uno español es genética o climática. Genéticamente suelen ser la misma variedad (Osteen, Keitt, Tommy Atkins son internacionales). Climáticamente hay diferencias pero no tan grandes. La diferencia fundamental es el tiempo desde la rama hasta el plato: 24-48 horas en nuestro caso, 15-30 días en importación. Ese factor temporal es el que determina sabor, aroma y textura reales.

El tercer malentendido es pensar que recolectado bajo pedido es un lema de marketing. Es literalmente operativo: cuando tu pedido entra en nuestro sistema, un operario de la finca va al árbol esa misma semana a cortar mangos específicamente para tu caja. No hay stock acumulado esperando cliente. Este modelo tiene ventajas claras (frescura máxima) y desventajas reales (menos flexibilidad de urgencia, volumen limitado), pero no es exageración publicitaria: es exactamente como funciona el negocio desde que existe.

Finca familiar desde 1980

¿Preparado para probar el auténtico mango de la Costa Tropical?

Cada mango que sale de nuestra finca lleva cuarenta años de conocimiento, el sol de la Costa Tropical granadina y el cuidado de una familia que vive por y para este fruto. Prueba la diferencia.

Finca familiar desde 1980Recolectado bajo pedidoSin intermediariosEnvío incluido penínsulaGarantía con vídeo

"Pruébalo y lo entenderás." — Familia El Lucero, agricultores desde 1980

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